Música de cámara y literatura para el fin de semana

El ensamble de la Filarmónica de Río Negro, Cuerdas del Atlántico Sur, realizará conciertos en Viedma, San Antonio Oeste y Guardia Mitre con entrada libre y gratuita.

En la localidad portuaria además se presentará “Vueltas de Buho”, un libro de Silvina Fazio.
Organizado por el Ministerio de Turismo, Cultura y Deporte el ensamble Cuerdas del Atlántico Sur llevará su innovadora propuesta de música de cámara a Viedma, San Antonio y Guardia Mitre con entrada libre y gratuita.
El viernes el concierto será en la Biblioteca Mitre (Colón y Rivadavia) de la capital provincial a las 20.30 y el domingo en la Casa de la Cultura (Mauricio Blanco 519) de Guardia Mitre desde las 18.
El sábado en San Antonio Oeste acompañarán la presentación de “Vueltas de Buho”, un libro de Silvina Fazio editado por el Fondo Editorial Rionegrino en la Biblioteca Cincuentenario (Belgrano 341) a las 19.
Las presentaciones en bibliotecas surgen de un trabajo en conjunto con las instituciones que busca generar nuevos espacios, pensando a las bibliotecas en centros culturales.
Cuerdas del Atlántico Sur
Integrado por Santiago Romero, Facundo Romero y Gabriela Iglesias en violín, Alejandro Uriarte en viola, Axel Rubiolo y Maximiliano Medina en violoncello y Natacha Rutinelli en contrabajo, el ensamble de la Orquesta Filarmónica de Río Negro nace con la misión de acercar la Música de Cámara a cada rincón de la Zona Atlántica así como a cada rionegrino.
Vueltas de Búho de Silvina Fazio
Silvina Celeste Fazio nació el 11 de octubre de 1976 en Viedma, Río Negro, ciudad en la que reside. Es Profesora en Letras y, actualmente, se desempeña como docente en el Centro Universitario Regional Zona Atlántica (UNCo).
Vueltas de Búho recoge una serie de veinticinco poemas que se someten a una premisa: la poesía es una forma razonada de la emoción, un acto de irreverencia perceptiva y la disposición estética que lo transforma en palabra. Los textos que integran esta obra persiguen el asombro ignorado que se simula en los detalles, en la naturaleza, disparando interrogantes sobre la propia esencia de lo que nos rodea. Esa pregunta sostenida, que atraviesa el poemario, auspicia cruces entre la filosofía y la física en un vaivén ontológico cuyo acento recae en la mirada: hay que mirar el mundo para crearlo, hay que mirar el mundo para conocerlo y conocernos, hay que mirar el mundo con la lupa de quien no quiere perderse nada: ni la crueldad, ni la duda, ni la extrañeza.
Hay una estética de la percepción visual que desdibuja los límites entre lo animal y lo humano, entre el hombre y el universo, entre el sujeto que observa y lo observado. El acento composicional se erige en secuencias metafóricas, en el juego entre las sentencias y las preguntas retóricas, en la musicalidad de los versos, aspectos estilísticos que se aúnan para un mismo fin: la interpelación constante de lo que se ofrece como cristalizado.

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